Ante el negocio de la vivienda, salimos de la inacción

Nota: este artículo se escribió antes de que se produjese el desahucio de María Antonia Y David el pasado 1 de abril

En las últimas semanas se han sucedido noticias y acontecimientos relacionados con la vivienda. Por un lado, conocimos que el número de desahucios en Cantabria aumentó un 70% en 2024. Se produjeron un total de 257 casos, de los cuales 207 fueron por impago de alquiler y los restantes 150 por ejecución hipotecaria. Un aumento brutal que desmiente el mito de que el Gobierno ha paralizado los desahucios hasta 2028 y que refleja un recrudecimiento de la crisis de la vivienda en Cantabria, en la línea de lo que está sucediendo en todo el Estado español (27.564 desahucios en total en 2024). Por otro lado, estamos viendo cómo estos años se han batido todos los récords en Cantabria, donde el número de los llamados pisos turísticos ha aumentado brutalmente, provocando que el 80% de los alquileres ofertados sean temporales (de septiembre a junio), y cuyos precios que no paran de subir. No han faltado tampoco los titulares clickbait (pero no por ello menos significativos sobre cómo está el panorama), como el de uno de los cofundadores de Idealista afirmando que “en España vamos hacia el chabolismo”. Pero más allá de este runrún de la prensa y su bombardeo de noticias relacionadas con el tema de la vivienda, se encuentra la realidad de las personas que sufrimos esta crisis en nuestras carnes y que nos sumimos cada vez más en el pozo de la miseria. Y esto se nota en un cabreo cada vez más generalizado. Esperamos que el año 2025 marque un punto de inflexión para el movimiento por la lucha por la vivienda en Cantabria y que consigamos salir de la apatía y la inacción.

Crónica de un desahucio parado

Hacía cierto tiempo que los colectivos organizados contra los desahucios de Cantabria no nos convocaban a un stop desahucios. Pero el pasado 17 de marzo pudimos vivir la realidad que se esconde tras las frías estadísticas de la vivienda al acudir a apoyar a María Antonia y David. Gracias a la respuesta popular, el desahucio fue paralizado. Nos juntamos unas 60 personas para defender este hogar de Sancibrián, algunas de las cuales se quedaron a pasar la noche entera en la casa para sortear el cordón policial. Quienes llegamos a la hora prevista en la convocatoria nos topamos con la presencia de varios coches de la Guardia Civil aparcados en la entrada de la urbanización y unos 10 guardias civiles bloqueando el paso a la misma. Sin embargo, sus esfuerzos por impedirnos el paso fueron en vano porque encontramos otra entrada no vigilada. Enseguida se corrió la voz (o, mejor dicho, los mensajes de WhatsApp) y todo el mundo pudo entrar en la urbanización evitando a la policía.1

Sobre las 9 de la mañana, los ánimos eran altos al ver a tanta gente reunida, aunque como suele suceder en estas situaciones, la incógnita sobre lo que estaba por pasar nos ponía de los nervios. Al poco rato nos pusimos a corear las clásicas consignas como “ni casas sin gente, ni gente sin casa” y “este desahucio, lo vamos a parar” entre otras, que nos calentaron los corazones y nos permitieron rebajar tensión. Las emociones fuertes no cesaron, sin embargo, sobre todo cuando en torno a las 9:30 de la mañana la Guardia Civil se acercó a la vivienda acompañando a la comitiva judicial. Entonces hubo algunos intercambios dialécticos entre activistas y las autoridades; los primeros mostraron que hasta la ONU había intervenido en el asunto instando a que no se produjera el desalojo, mientras que los segundos fingieron tener cierta humanidad y comprender la situación de María Antonia y su hijo. Mientras tanto, algunas personas allí presentes que estaban conversando comentaron cómo sus viviendas, en manos de fondos buitre, aparecen anunciadas en idealista y expresaron la incertidumbre que pesa sobre sus hogares.

El momento de mayor tensión tuvo lugar cuando 4 de los robocops verdes se pusieron sus cascos alineándose frente a la entrada de la casa y su jefazo quiso intimidarnos diciendo que estábamos haciendo algo ilegal y que nos atendiéramos a las consecuencias. La respuesta fue increíble: con buenas palabras se le mandó a la mierda y nos preparamos para la intervención policial haciendo barrera con nuestros cuerpos frente a la puerta de la casa y entrelazándonos con nuestros brazos. El enfrentamiento parecía inevitable, los cánticos se reanudaron. Entonces David se asomó a la ventana para desahogarse, cagándose en el señor (su padre) que les quería echar de su hogar a él y su madre, gritándoles a los policías y expresando lo injusto de su situación y su frustración. Fue un momento duro y emocionante. Y tocó esperar, sumides en la incertidumbre. Fuera se había formado un corrillo de policías, abogados y funcionarios judiciales que parecían comentar qué hacer. Finalmente, y para alivio generalizado, la comitiva judicial y la Guardia Civil se retiró de la zona: el lanzamiento había sido aplazado y María Antonia y David ganaron un mes más para permanecer en su hogar. Los gritos de ¡sí se puede! celebraron el momento mientras David fue abrazando uno a uno a quienes habían acudido a apoyarles a él y su madre. El apoyo mutuo ganó aquel día.

5 de abril: seguir la lucha en las calles

Siguiendo el impulso de esta modesta y no por ello menos importante victoria de María Antonia y David, el próximo 5 de abril iremos a hacer ruido en las calles para expresar nuestro cabreo. Organizaciones sociales y sindicatos de inquilinas han convocado una gran manifestación estatal para ese día, a la que se han sumado decenas de ciudades a lo largo del Estado. En Cantabria tendrá lugar una concentración frente al Ayuntamiento de Santander, a las 12:00h. Estas son principales reclamas del movimiento:

-Reducción inmediata del 50% del precio de los alquileres. Los precios actuales son insostenibles y ahogan a millones de personas.

-Contratos de alquiler indefinidos. Cada 5 o 7 años nos expulsan de nuestros hogares para subir los alquileres, provocando miles de desahucios invisibles. Necesitamos contratos indefinidos para poder desarrollar proyectos de vida en nuestros hogares.

-Recuperación de viviendas vacías, turísticas y de alquiler de temporada. Expropiación de viviendas vacías a fondos buitres, bancos, grandes inmobiliarias y constructoras. Se debe acabar con los pisos turísticos y la estafa del alquiler temporal o por habitaciones.

-Acabar con la compra de vivienda para fines especulativos. La vivienda no puede ser una inversión. Se debe prohibir la compra de vivienda si no es para vivir en ella.

-Aumento del parque público de vivienda. Es necesario ampliar el parque público de vivienda, pero no a través de la construcción masiva, sino a través de la devolución al parque público de las viviendas de la SAREB y de expropiaciones, que cree un sistema 100% público y un modelo de alquiler a perpetuidad.

-Suspensión de todo tipo de desahucios, independientemente de que el arrendador sea un gran tenedor o no.

-Ilegalización de las empresas de desocupación. Estas empresas ejecutan desalojos extrajudiciales, con métodos violentos y delictivos, haciendo negocio con la pobreza de muchas familias.

Más allá de las reclamas y de que acuda más o menos gente a la convocatoria, pensamos que la importancia del 5A depende en que logre tener continuidad en un movimiento fuerte, organizado y horizontal de lucha por la vivienda en Cantabria que supere las miserias del gueto activista y militante y dé respuesta a las necesidades materiales de las clases desposeídas. En nuestra opinión, esto se podría traducir en la creación de un sindicato de inquilinas, emulando los pasos que se han dado en otras ciudades; el reforzamiento de las acciones directas contra los desahucios; y el diseño de un plan efectivo para llevar a cabo una huelga de alquileres y las acciones necesarias para poner fin a vorágine inmobiliaria especulativa.

 

  1. Nota: es de prever que para la próxima tentativa de desahucio de esta familia no tengamos tanta suerte y que los de verde bloqueen ambas entradas.

* Artículo publicado en el boletín Briega nº64 en abril de 2025.

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