El pasado noviembre tuvimos la oportunidad de asistir y participar en el 1er encuentro del libro anarquista de Santander que se realizó en el Centro Social Okupado la Lechuza.
Los encuentros del libro anarquista (o ferias del libro anarquista), son jornadas de difusión de las ideas libertarias que cuentan ya con cierta tradición y difusión por muchos lugares del mundo. Podemos referirnos así a las ferias que iniciaron algunas anarquistas en Londres en los años 1980. En cuanto al Estado español, la primera tuvo lugar en Valencia en 1998 y rápidamente fueron surgiendo nuevas iniciativas en otras ciudades grandes como Madrid, Barcelona, Bilbao… En la actualidad, vemos que estos encuentros están ampliamente difundidos por toda la península, incluso en ciudades pequeñas como es el caso de Santander.
¿Pero, por qué se hacen estos encuentros? Según la revista Ekintza Zuzena, “este tipo de espacios permiten, por un lado, visibilizar y compartir un material contracultural y político y, por otro, potenciar el encuentro y el debate colectivo. Sin embargo estos objetivos no siempre se consiguen, ya sea porque la visibilidad se reduce al entorno de quienes la organizan y/o porque los debates respondan más a las inercias o modas militantes del momento que a un interés real por debatir”. Para ampliar esta cuestión véase:
https://www.nodo50.org/ekintza/spip.php?article582
En Santander, en concreto, la asamblea organizadora del encuentro del libro (ELAS) se propuso una serie de objetivos que se resumen en:
Aportar una mirada libertaria a las luchas sociales de Santander y Cantabria; tejer redes con otros grupos, proyectos e individualidades anarquistas de otras partes del Estado y de otros lados; Tratar de compartir experiencias y de alimentar otras iniciativas y luchas; Y, por último, invitar a la gente de los movimientos sociales a pasarse por el encuentro.
Es probable que estos objetivos no se hayan cumplido al cien por cien. Especialmente porque los movimientos sociales de Cantabria no le han concedido tanta importancia al evento como hubiesen deseado desde la asamblea. Sin embargo, eso no impidió que todas las actividades y charlas estuviesen llenas de gente, al igual que los comedores, con una media de unas cincuenta personas. Además, las caras cambiaban en función de la actividad que tocaba, lo cual nos lleva a concluir que a lo largo de todo el encuentro se pasaron entre cien y doscientas personas. Una confluencia que ha permitido que surjan grupos, proyectos e ideas conjuntas para llevar a cabo en el futuro en nuestro entorno más cercano.
Gracias a un sol radiante y un clima muy generoso para las fechas escogidas de noviembre, el Centro Social Okupado La Lechuza pudo disfrutarse de rincón en rincón, a cubierto o al aire libre. Un espacio sin ataduras administrativas, que ni rinde cuentas ni obedece a nadie. La autonomía que nos brindó este espacio libre, en el que podemos decidir por nosotras mismas todas las cuestiones importantes sin delegar en nadie y sin depender más que de un montón de personas aportando según sus motivaciones y posibilidades, protagonizó las jornadas.
Una afluencia que sorprendió a la asamblea organizadora, una actitud participativa en las charlas que por lo general posibilitó el debate sobre temáticas como la liberación animal, el antifascismo, la salud mental, el feminismo, la defensa de la tierra, la crítica al progreso, las políticas migratorias y las fronteras, etc. Y unos espacios informales como los comedores, los cenadores, los descansos y las meriendas, que dieron lugar a un montón de lazos afortunadamente no medibles y refractarios a cualquier tipo de crónica.
Así como es de agradecer la autocrítica, también resulta importante llevar la cabeza bien alta cuando los proyectos sobrepasan las expectativas. Una valoración colectiva y compartida por todas las personas que hicieron posible este encuentro.
Un encuentro lleno de editoriales de distintos puntos del estado, y con compañeras de distintos lugares que también hicieron posible que las jornadas salieran adelante.
A lo largo y ancho del planeta, distintas experiencias que no encajan en el formato Estado-nación demuestran que con todas las imperfecciones, el anarquismo es una práctica existente, y no una teoría imposible con la que entretenerse. Puede ser un bosque ocupado, puede ser un barrio autogestionado, puede ser una revolución social amenazada por las grandes potencias mundiales, puede ser un valle entero, o un parque pequeñito. El caso es que en nuestra experiencia más cercana, y con nuestra tímida presencia, este encuentro es un ejemplo de lo que tú, juntándote con unas cuantas más, puedes hacer en el lugar en donde vives, sin esperar de brazos cruzados a que llegue la revolución
* Publicado en el boletín Briega de enero 2019



