LA VIDA ES UN ARMA Entrevista con Lazo Ediciones a propósito de Rafael Barret

Publicamos la entrevista a Lazo Ediciones a propósito de su nueva publicación «La vida es un arma» -Antología de Rafael Barret- aprovechando la primera presentación del libro en Cantabria. Será el viernes 25 de Junio en la feria del libro de Torrelavega a las 20:00 h. 

Además, a finales de Julio habrá otra presentación del libro en la ciudad de Santander.

Esperamos que os guste la profundidad que lxs compañerxs han sabido darle a la entrevista. Podreis encontrar fragmentos de dicha entrevista en el Briega Papel Junio-Julio.

 

 

1) Buenos días compañerxs. ¿Por qué un libro ahora sobre esta figura del pasado?

Buenos días. Primero contar que por estas tierras el autor no es para nada un desconocido, al contrario, fue y sigue siendo editado continuamente. Y que, como escribimos en la presentación de La vida es un arma – Antología de Rafael Barrett, al compartir fragmentos de su obra, estamos concretando y de algún modo también siendo parte, de un anhelo que, podría decirse, ha sido acariciado por distintas generaciones, mayormente las de los países de América Latina en que él vivió a principios de siglo XX.

Un puntapié, que explica un poco por qué la antología de Barrett salió este año, fue una actividad que titulamos: Rafael Barrett, compañero1. La realizamos en la Biblioteca y Archivo Alberto Ghiraldo a finales de noviembre de 2019, compartiendo charlas, lecturas y recitados en torno a un breve folleto La cuestión social y otros textos que editamos para la ocasión. Estimulados por esa experiencia, un año y medio más tarde nos encontramos plasmando esa iniciativa en papel.

A su vez, hace años que venimos retomando continuamente los textos de Barrett. Invocamos sus palabras en una plaza, en una calle, mientras buscamos a un compañero desaparecido por el Estado; en algún acto por el primero de mayo; en definitiva, solemos rescatar aquellos escritos que, saltando tiempos y espacios, nos hacen confluir una y otra vez con Barrett en la lucha. Pero también los elegimos porque nos erizan la piel, nos emocionan cada vez que los escuchamos recitados por algún compañero. Otros nos hacen tanto sentido que podrían haber sido escritos hoy. Los difundimos como parte de una lucha presente, que va más allá del propio Barrett y más allá de nuestro grupo. Belleza y revolución van de la mano. La obra de Barrett fue, es y será la muestra viva de eso.

 

2) ¿Qué podemos encontrar en esta publicación?

La vida es un arma tomó como referencia la edición de las Obras Completas de Rafael Barrett prologadas y recopiladas por Rodolfo González Pacheco y publicada por Editorial Tupac de Buenos Aires en 1943. Seguimos el mismo orden en el que parecen los títulos y secciones en las obras completas y transcribimos algunos de los textos contenidos en ellas.

Doce fueron los artículos seleccionados de su libro Moralidades actuales, que reunía escritos breves del momento, de una profundidad conmovedora, revolucionaria e indefinible. Este fue el único libro que Barrett vio publicado ya hacia el final de su vida. Luego, reproducimos completo Lo que son los yerbales, que retrata la vida y las condiciones de explotación, miseria y esclavitud de los trabajadores de las empresas yerbateras en el Paraguay, un país que aún sufría las secuelas de la devastadora Guerra de la Triple Alianza o Guerra del Paraguay (1864-1870). A continuación, El terror argentino, que escribe desde Paraguay en 1910, da un panorama de la Argentina de aquellos años, haciendo un recorrido desde la independencia nacional en el año 1810, dejando plasmado el fuerte antagonismo de clase, entre los dueños de la tierra, la clase política y los campesinos, inmigrantes y proletarios. De El dolor paraguayo extrajimos algunos artículos cortos, en los que da una imagen de época de las condiciones de vida del proletariado paraguayo. En ellos nos habla de los niños, las mujeres, los viejos, los campesinos, que sufren los espectros de los desastres de la guerra y del desastre de la paz y la tiranía. Toda esta miseria retratada en un fuerte contraste con las condiciones naturales de un territorio que Barrett admiraba por su clima, la belleza de su exuberante naturaleza y su fertilidad. Luego elegimos algunos de sus Cuentos breves, que refuerzan este panorama de época y de las desigualdades que Barrett denunció y contra las que luchó. En este caso lo hizo ficcionalizando situaciones del cotidiano, tan banales como tristes, logrando plasmar con ironía y humor su sutil mirada sobre los acontecimientos de la vida del común de la gente.

Seguidamente, de los Ensayos tomamos sólo La cuestión social, que nos parece el más fundamental de sus textos. Se trata de una discusión que mantuvo con el Dr. Ritter –un economista, periodista y director, entre 1908 y 1923, del diario El Economista Paraguayo– y sus artículos sobre la cuestión social, específicamente en relación a su continuidad histórica, a las influencias de Marx y el socialismo en América Latina, y a su existencia en Paraguay, dado que «es inevitable la cuestión social donde rige el principio de la propiedad privada».

De sus Conferencias tomamos la segunda, llamada La huelga, que dio frente a los obreros paraguayos. Allí transmitió el significado que para él tenía la huelga, como amenaza al capital, como inteligente asociación entre los explotados para revertir o al menos mejorar las condiciones de miseria a la que eran sometidos día a día, pero siempre en una perspectiva de cambio global de las condiciones de existencia: «Usáis la huelga en pequeños conflictos, en problemas locales, pero no olvidéis que su trascendental misión es llegar al paro terrestre».

Después seleccionamos cinco artículos de Al margen que versan sobre: Tolstoi, a quien Barrett admiraba mucho como artista y como persona y cuya figura vuelve a resaltar en numerosos escritos; el libro de Ernesto Herrera, Su Majestad el Hambre (publicado en 1910) a través del único prologo que hizo a otro escritor; el mito naturista con reflexiones sobre la naturaleza, la moral y la fe bien propias de su pensamiento; y por último, dos escritoras, Delmira Agustini y Noemia de Lis, de quien rescata la originalidad, la femineidad y la profundidad de sus versos y reprocha a los escritores y diarios de Montevideo y Buenos Aires no darle ningún lugar a sus escritos y a los de muchas otras anónimas como ellas. Dice: «Nosotros hemos monopolizado, trátese de arte o de ciencia, todas las fórmulas y todos los métodos; se los imponemos a nuestras compañeras cuando nos acordamos de educarlas, de amaestrarlas. Disfrazamos su entendimiento con las apariencias del nuestro, y se lo reprochamos después. Tienen sobrada razón las rebeldes, las que se buscan a sí mismas, las que consiguen conservar su sexo en sus obras».

Finalmente, el libro concluye con siete relatos de Ideas y Críticas, plagados de esa sensibilidad y reflexión que caracterizan la obra de Barrett. No sólo nos habla del misterio de la muerte, la profundidad del amor; también define al perfecto patriota con una vuelta de tuerca que nos asombra; nos anoticia de la revolución en México que estaba sucediendo en esos días; nos describe su partida desde Asunción en su diario de a bordo; pero quizás el más conmovedor de estos relatos es el último, en el que agradece toda la bondad que encontró en Montevideo: «me obligaron a renunciar a la muerte y a confiar en la vida. Los extraños de ayer se convirtieron en los hermanos de siempre, y cuando se me permitió volver a mi hogar, y abandoné Montevideo, me sentí otra vez desterrado…».

 

3) Rafael Barrett nació en estas tierras desde las que contrainformamos pero, si bien es cierto, su actividad politizada la llevó a cabo en Paraguay, Uruguay, Argentina… ¿Podéis contarnos cómo fue la politización de Rafael? ¿En qué contextos locales e históricos se forjó este revolucionario?

Deberíamos señalar que Rafael Barrett murió a los 34 años víctima de la tuberculosis y si a esto le sumamos que llega a América a los 27 años… pues sólo nos quedan siete años de actividad. Lo que habla de su enorme producción literaria y subversiva, cuyas obras completas llenan más de mil páginas.

Lo sucedido entre su nacimiento en 1876 y 1903, año en que llega a América, permanece en gran medida desconocido. Lo que se sabe es que estudió ingeniería en Madrid, que gustaba de la esgrima y que manejaba varios idiomas. También que se vinculó con pintores y escritores de su tiempo y que él mismo escribió algunas poesías. Esto fue publicado a diez años de su muerte por el periódico anarquista de Buenos Aires La Antorcha, que extrajo los detalles gracias a Rodolfo González Pacheco –reconocido militante anarquista y dramaturgo– y a un viaje que hicieron a Paraguay para conocer las fechas exactas de su nacimiento y muerte y cómo había sido su vida.

No hay una fecha bisagra, ni tampoco los testimonios referencian con precisión su paso hacia posiciones revolucionarias. Los intelectuales de su época, solían atribuírselo a su propia experiencia personal de haber sido acaudalado y tras haberlo dilapidado todo, expulsado de los círculos aristocráticos en los cuales se movía, cosa que, aunque pueda ser parcialmente cierta, no ha sido verificada. Tampoco ha sido verificado que Barrett no hubiera tenido vínculo con el entorno anarquista, ni que algunas de las aguafuertes y poemas que escribió en España no estuvieran orientadas por esas ideas avanzadas. González Pacheco aseguraba que sí, pero no se ha encontrado prueba de ello. Es algo que tal vez nunca lleguemos a esclarecer.

Lo cierto es que a partir de 1903 podemos ver un Barrett seriamente comprometido con la realidad social y el contexto con el que se encontró al llegar a estas tierras. Fue testigo de la triste y brutal expansión capitalista y la consolidación estatal en América; aunque las realidades entre Argentina y Uruguay fueran similares, otra era la situación en Paraguay. Lo que sí es interesante y no escapará al conocimiento de ningún compañero es que ya después de la Comuna de París, llegaron sin cesar contingentes desde Francia, Italia, España, Rusia, Polonia y Alemania. Muchos de estos obreros se sumaron a las actividades productivas que ya explotaban mano de obra local, negros, indios y criollos, participantes de las primeras rebeliones en el territorio antes del aluvión migratorio.

Barrett asistió a la primera época de expansión de las ideas revolucionarias en América Latina, junto a Alberto Ghiraldo y Ricardo Flores Magón.

4) La crítica radical de Barret acaba definiéndose como anarquista en su última etapa de la vida. ¿Qué extractos de radicalidad resaltaríais de este personaje al margen de este posicionamiento político final?

Como ya dijimos, no estamos tan seguros de que su vida pueda dividirse en etapas: no existe un joven Barrett en oposición a un Barrett maduro, escisión que tampoco solemos tener muy en cuenta para retomar al propio Marx. En la Biografía de Rafael Barrett escrita por Vladimiro Muñoz (que recomendamos leer de la página de Lazo Ediciones), se relata un episodio que le ocurre en el primer año de su venida hacia América, en Buenos Aires. En ese entonces para los que vivían en el viejo mundo, América se presentaba con un poco de mística como una “tierra de promisión”, un continente que auguraba mejores condiciones económicas y humanas. Con la sensibilidad que lo caracterizó siempre, Barrett supo revelar que esa América no existía, tal como lo hiciera poco más que una década atrás Michael Schwab, uno de los mártires de Chicago. Barrett escribía: «Un viejo se acercó despacio a mi portal. Venía oblicuamente, escudriñando el suelo. Un gorro pesado, informe, le cubría, como una costra, el cráneo tiñoso. La piel de la cara era fina y repugnante. La nariz abultada, roja, chorreante, asomaba sobre una bufanda grasienta y endurecida. Ropa sin nombre, trozos recosidos atados con cuerdas al cuerpo miserable, peleaban contra el invierno. Los pies parecían envueltos en un barro indestructible. Se deslizó hasta mí; no pidió limosna. Vio una lata donde se había arrojado la basura del día, y sacando un gancho comenzó a revolver los desperdicios que despedían un hedor mortal. Contemplé aquellas manos bien dibujadas, en que sonreía aún el reflejo de la juventud y de la inteligencia; contemplé aquellos párpados de bordes sanguinolientos, entre los cuales vacilaba el pálido azul de las pupilas, un azul de témpano, un azul enfermo, extrahumano, fatídico. El viejo –si lo era– encontró algo… una carnaza a medio quemar, a medio mascar, manchada con la saliva de algún perro. Las manos la tomaron cuidadosamente. El desdichado se alejó… Creí observar, adivinar… que su apetito no esperaba…»

Conmovido e implicado por la miseria con la que se encontró en esa Buenos Aires de 1903, sintió «la infamia de la especie» en sus entrañas. Por ese artículo se peleó con el director del diario y dejó ese trabajo. Comenzaba su camino de denuncia y verdad que lo llevaría a perder empleos, al encierro y a la enfermedad. Esto lo traemos a cuenta porque la radicalidad a veces no sólo se encuentra expresada en las ideas o en la letra escrita sino en los actos de las personas.

Otros extractos de radicalidad, que los entendemos como la capacidad que tuvo de ir a la raíz de algunos de los problemas de su tiempo, los hallamos en la mayor parte de los textos que editamos en la antología. Pero para ser breves podemos citar tres:

1) La crítica de la moral y de la cárcel porque para él individualizaban e intentaban esconder que la enfermedad es de toda la sociedad; que ningún delito cometido en una isla desierta es un delito, así como las dinamitas utilizadas por los anarquistas no son el crimen sino el signo del crimen social

2) Su estudio pormenorizado de la realidad que se vivía en el yerbal, «un ejemplo moderno de todo lo que puede concebir y ejecutar la codicia humana», fue decididamente un aporte para pensar en las raíces de la miseria de la vida en el Paraguay del siglo XX;

3) Sin embargo, creemos que es en La cuestión social donde deja bien claros los puntos más importantes de su inclasificable radicalidad. Como mencionamos anteriormente, allí reconoce el hilo histórico de la cuestión social desde los inicios mismos de la civilización. En un párrafo que nos gusta mucho dice: «Profetas contra faristeos, plebeyos contra patricios, esclavos contra libres, siervos y pequeños burgueses contra señores feudales, artesanos y manufactureros contra patronos, es la eterna rebelión de los que no soportan ser tratados como máquinas, de los que prefieren la negación de su ser físico a la de su ser consciente, y sucumbir a degradarse. Por eso la historia de la humanidad no es sino la epopeya única de la conquista de la vida y la emancipación del trabajo.»

Defiende la violencia, siempre que sea fecunda, la defiende con ejemplos concretos de la lucha de los trabajadores: « ¡Ay de los trabajadores el día en que dejen de inspirar terror y no dispongan de otras armas que el llamamiento a la compasión y a la equidad!» A pesar de todo el dolor que exhala de este mundo y que tan hermosamente describe con su pluma, le da al dolor un poder de redención, para Barrett «nada detendrá la marcha del pensamiento en busca del dolor, y el dolor está en todas partes. Nada detendrá al tiempo.»

 

5) Una de las facetas, quizás menos conocidas de Barrett es el canto a la vitalidad y el espíritu que podía chocar con el racionalismo del anarquismo de la época, así como su crítica al progreso, que sin duda también ponía una distancia importante con el movimiento obrero en general. ¿Se refleja esto en los escritos del contenido de vuestra publicación? ¿Qué podéis decirnos al respecto?

Existe en Barrett una apología fundamental hacia una actitud vitalista ante la realidad que debe realizarse en la entrega hacia los demás. La vida tiene sentido en cuanto nos damos y rechazamos lo estéril. Definitivamente para Barrett la vitalidad es un punto de partida y también de encuentro. De hecho «La vida es un arma», es justamente la sentencia con que inicia El Esfuerzo, artículo con el que damos comienzo a la antología y el que encabezaba Moralidades actuales.
A pesar del racionalismo del que él era parte, incluso por su formación de ingeniero y destacado matemático, se observa siempre la presencia de lo irracional, de los sentimientos, incluso de la fe. El rescate en Herborizando de la sabiduría de los campesinos paraguayos es un buen ejemplo de esto. Pero es una constante a lo largo de su existencia. Desde su partida desde Madrid hasta su llegada a América, hay un hilo permanente, el de una tensión existencial, una persona en constante búsqueda de algo superior y a la vez personal. De ahí también su heterodoxia fundamentada en su enorme erudición. ¿Es un científico? Sí, pero asimismo es un místico, alguien que busca para adentro.

Para él el amor es lo fundamental, pero también lo es el odio. Defiende al terrorismo (en Buenos Aires y El terror argentino) y también a Tolstoi.

El texto La cuestión social puede tomarse como una síntesis exacta de la visión barrettiana. No es un anarquista de capilla, llega al anarquismo pero lo tensiona y lo quiere llevar más allá. De ahí su defensa de lo intuitivo y vital, de Marx y del cristianismo primitivo.
Toda su existencia vive en esa tensión. Rafael Barrett era un hombre atormentado. Desde su adhesión a la revuelta liberal “buscando la bala que lo mate” hasta su rechazo a seguir trabajando de agrimensor para no vivir midiendo la propiedad privada.
Esta actitud de búsqueda vital creemos que fue profundizada ante el encuentro con la exuberante naturaleza del Paraguay, con su calor, sus selvas y sus ríos, que deja plasmado, por dar un ejemplo, en Rincón de selva.

A su vez, hay que recordar el gesto que tuvo durante el golpe de Estado de Albino Jara en 1908, cuando junto con su compañero Bertotto, robó un carro lechero y se encargó de asistir y salvar a los heridos de las calles, esquivando balazos y bombas.

Son estas actitudes las que lo hicieron destacarse en su época, siempre inquieto, una pluma excelente pero no atada a ningún dogma.

Es por esto también que lo rescatamos y lo consideramos fundamental en nuestra lucha.

 

6) Barret fue un intelectual que se proletariza. ¿Qué papel juega la intelectualidad en su figura como radical a bajo vuestro parecer?

El papel que jugó la intelectualidad de Barrett es imprescindible para entenderlo como figura destacada y radical de su tiempo. Para eso no obstante es preciso comprender que hablar de intelectualidad en los albores del siglo XX es diferente a hablar de ella hoy día. La intelectualidad de Barrett y de muchos otros de sus coetáneos se caracterizaba por una sed de conocimiento que quería abarcarlo todo.

Él es un ejemplo de este saber general y profundo, tal como también aparece en la Biografía de Muñoz, su formación sobre matemáticas era excepcional, no por eso menos valiosa era la que tenía en historia, filosofía y literatura. Se nota, en sus artículos, que estaba al tanto de novedades literarias y de procesos políticos e históricos de su tiempo, cuando las noticias llegaban por barco, en correspondencias, o se leían sólo en diarios obreros. Discutía constantemente con otros intelectuales, pero también su avidez de lector encontraba revelaciones en los menos conocidos. Además se esforzaba por hacerse entender, hablándoles francamente a los obreros, como hizo en sus Conferencias. Asimismo es importante entender que él mismo despreciaba un poco el lugar de intelectual, como diría en uno de sus textos: «Yo no soy jurista, ni economista, ni patriota; yo, que no soy más que un hombre que conoce el dolor»… y es desde allí que escribía siempre.

Por último, no por haber sobresalido intelectualmente (y haber sido reconocido por muchas figuras del medio intelectual de su época y posteriores) le daba a la razón un lugar supremo. Como ya comentamos, hacía todo lo contrario. De hecho le criticó a Marx que la idea del determinismo económico no tenía necesariamente que vigorizar la lucha del proletariado: « ¿Obedecerían mejor los astros a la ley de Newton, si tuviesen conciencia de ella? ¿Caería de otro modo el guijarro, si supiera que tiene que caer?» Se preguntaba. Para Barrett, «El razonamiento no crea energía, la razón será lo que se quiera, menos un motor.»

 

7) Rafael Barrett acaba declarándose anarquista, como hemos dicho, con una radicalidad que establece críticas vitales e importantes para la historia de la lucha de clases desde su época hasta nuestro presente. Por ejemplo, la crítica de los derechos como regulación burguesa de la vida cotidiana. ¿Podemos hacer esta lectura a través de vuestra publicación?

Seguramente, de hecho, nuestra búsqueda en todo esto ha sido rescatar al Rafael Barrett compañero, sin por eso extrapolarlo así sin más. Barrett, tiene justamente la potencia de haber tratado temas de lo que comúnmente llamamos vida cotidiana con enorme profundidad, no sólo iba hacia la raíz de las cosas sino también hacia su esencia.

Sin dudas, también cargaba con todo el lastre ideológico de su época, quizás su fortaleza en esto sea que aunque pudo partir de cualquier disciplina, que en ese momento no estaban profesionalizadas como hoy, no se detuvo en ninguna de ellas, como no se detuvo tampoco en ninguna práctica ni idea. Él intuía que todo era transitorio, incluso sus propias ideas. En el libro que publicamos y en las propias obras completas que usamos como base, critica todo y absolutamente todo, a veces sale triunfante y otras quizás un poco menos, pero no evita ninguno de los sucesos de su época incluso como decimos, los más pequeños y cotidianos, que parecen desenmarañar una enorme y compleja cantidad de argumentos y razonamientos.

La crítica de los derechos como regulación burguesa de la vida cotidiana fue algo que retomó en muchos de sus escritos, quizás donde se evidencia más claramente es en El terror argentino, donde demuestra su destreza en analizar la sociedad de clases y la justicia del Estado al servicio de la explotación y la ganancia burguesa.

Allí decía, por ejemplo: «Los soberbios servicios urbanos, las instalaciones de edificación, de tráfico y de enseñanza, introductoras de la cultura europea y norteamericana, encierran un valor social positivo y absoluto. Son el discreto lastre de la fastuosidad bonaerense, que sólo a los ojos de los turistas y en boca de los empresarios, pasa por exponente del bienestar colectivo. No hay bienestar colectivo. Hay bienestar de una clase, cuyo dogma forzoso es la propiedad. ¿Cómo ha de resistir la mente del propietario a la virtud operatoria de la renta? Ayer poseíais uno, y hoy, sin más molestia que la de cruzaros de brazos, poseéis diez. Es el milagro burgués de los panes y de los peces. «Donde esté vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón». El propietario sabe que su alma de oro es inmortal. Sabe que después de muerto y enterrado continuará manejando sus bienes. Los bienes son el bien. La propiedad es Dios. El Banco es el templo. La sagrada escritura económica es el código, que manda al pobre seguir siendo pobre, y al rico seguir siendo rico. Jamás, en ninguna parte, aplicó secta alguna con semejante intransigencia un texto de teología. Los jueces de Buenos Aires han castigado con cuatro años de cárcel a un infeliz que había sustraído un dedal, y con seis a otro que se había apropiado un pantalón. Por robar dos flacas gallinas, se ha dictado recientemente en La Plata una condena a dos años de prisión mayor. Se reserva la piedad para los homicidas románticos y la envidia para los ladrones legales. El ratero hambriento es un can rabioso. No busquéis en la Argentina presidentes Magnaud, que suavicen, al calor de la verdadera justicia, la barbarie anacrónica de las leyes. La pobreza es una circunstancia agravante y una presunción del delito. Las costumbres están de terrible acuerdo con la ley.»

 

8) Para acabar, queríamos preguntaros que creéis que podemos aprender y rescatar de esta persona y lo que podemos conocer de ella. ¿De qué podemos nutrirnos para nuestras luchas en curso y nuestras vidas?

Esta es quizás la pregunta más difícil de todas, pero fue también lo puntilloso y profundo de la entrevista lo que nos motivó a responder. Gracias por el desafío.

Hay por lo menos dos cosas que nos parecen muy necesarias para conocer de Barrett y que pueden aportarnos a nuestra lucha actual: una es la apertura, la disposición genuina con la que Barrett se deja influenciar por los diversos hitos de la historia de la lucha social y los múltiples hilos del pensamiento crítico de su época. Esto es lo que principalmente lo va a diferenciar de los defensores de las ideologías en boga y de las polarizaciones más tajantes del momento (el ciego antagonismo que se da entre anarquismo y marxismo, es un ejemplo, y él lo califica justamente como una debilidad de la clase, como la última carta que le resta jugar a la burguesía para derrotar al movimiento revolucionario). Él no se deja encasillar, y al mismo tiempo, queda leal a la cuestión social, sensible y dispuesto al combate. La otra es que se toma con mucha seriedad el análisis de la realidad, su estudio busca la verdad y la transformación de dicha realidad. Pensemos que es un momento en que los datos no abundan como hoy en la vorágine de internet. En ese entonces la información y los análisis eran de la burguesía para la burguesía, y los proletarios tenían que hacerse de sus propios medios para pensar la sociedad, la explotación y difundirlos en sus boletines y diarios, a través de lo recaudado por las sociedades de resistencia y enviados a otras partes del planeta a través de cartas y barcos. En ese esfuerzo se encauza el del compañero, con una seriedad implacable por una sincera búsqueda de verdad y con un ejercicio de argumentación que a veces descoloca.

Creemos que frente a la ideologización y parcialización cada vez más extendida en el medio rebelde, tenemos que recuperar esta firmeza y pensar en el movimiento de la lucha social del presente, conocer y analizar la realidad en la que ésta se desenvuelve, los obstáculos que se le presentan, lo nuevo y lo viejo, lo local y lo mundial, con toda la pasión y el amor que nos mueve, haciendo de nuestros esfuerzos un arma.

 

1 Se puede descargar el audio en: bibliotecaalbertoghiraldo.blogspot.com/2019/12/audio-rafael-barrett-companero.html

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