La «asamblea feminista» de Santander del verano de 1924
Este texto del diario El Cantábrico que publico aquí, imprescindible para escribir una Historia del Feminismo en Cantabria, y para ver en qué aguas nadan muchas feministas cántabras de los años que preceden a la Guerra Civil, estaba ahí, en letargo, en la hemeroteca.
Editorial del diario El Cantábrico del 24 de abril de 1924: un anónimo redactor propone que la relativamente recién creada Junta de Fomento e Iniciativas de Santander (1922) organice, para el verano, en la ciudad, una «asamblea feminista».

Estamos en 1924. A dos años de la creación del Lyceum Club Femenino en Madrid, con María de Maeztu como presidenta y Victoria Kent como vicepresidenta.
La Junta de Fomento e Iniciativas de Santander, que tenía diversas comisiones, estaba trabajando, desde febrero de 1922, en “contrarrestar la decadencia del veraneo”, y “preparar las atracciones poco menos que irresistibles” que, a su modo de ver las cosas, podían “atraer a los veraneantes” y asegurar “la afluencia de forasteros” a las playas de Santander. Lo iban a hacer, según decían, prescindiendo, “de las aspiraciones que (…) hicieron creer que podría ser algún día el Sardinero un segundo Biarritz”. Esto lo escribo sólo para se vea bien cómo eran los barros de los que vienen parte de los actuales lodos.
Proponer que la Junta de Fomento e Iniciativas organice una «asamblea feminista» puede parecer una gracieta de quien escribe, y en parte lo es, pero existe un fondo crítico implícito muy interesante en ello: la idea de que más allá del veraneo, y del pan del turismo, lo que la ciudad y la sociedad necesita es avanzar en los derechos de las mujeres. Este texto también nos permite albergar una sospecha, que el autor del editorial sabía realmente qué tipo de reunión femenina iba a ir a tener lugar aquel verano en Santander… (Más adelante explico cuál).
¿Por qué una «asamblea feminista» en 1924? Sin duda, porque ese año, el 8 de marzo, bajo la dictadura de Miguel Primo de Rivera (1923-1930), se ha promulgado una ley sobre organización y administración municipal que establece que, en las elecciones municipales, las mujeres cabeza de familia (solteras o viudas) pueden votar y ser elegidas. Esta ley le parece insuficiente al redactor de El Cantábrico (“no sólo del pan vive el hombre y no solamente del voto van a vivir las mujeres”), de ahí que mencione una serie de reivindicaciones feministas más: “el amparo a la maternidad; la represión de cierto género de corrupciones; la remuneración del trabajo de la mujer; la reglamentación del trato a las domésticas; los derechos “civiles” de las madres y de las esposas; las obligaciones de las madres para con sus hijas; la instrucción del sexo femenino; la ampliación de las esferas de actividad en que se desenvuelve; su incorporación a diversos cuerpos del Estado en que la mujer puede ser muy útil; la creación de escuelas de artes y oficios para las niñas…”.
Unos días después, ya a primeros de mayo, La Región publica un artículo que comenta la iniciativa. Lo firma Iasnaia Poliana, que es el seudónimo que usa la escritora cabuérniga Consuelo Berges, que entonces tiene 25 años, y que no hace mucho que ha obtenido su título de maestra en la Escuela Normal de Maestras de Santander. Iasnaia Poliana/Berges se refiere a la propuesta de El Cantábrico, y dice que “sería (…) cosa simpática y eficaz la celebración de la asamblea femenina que para este verano proponía El Cantábrico, con tal que se diera el atractivo, la amplitud y el carácter de vulgarización necesarios para que a ella concurrieran interesadas, si no todas las mujeres montañesas en potencia propincua de votar, si una esenta representación de las mismas”. Se pregunta Consuelo: “¿Qué piensa de esto nuestra señora de la Vega, la culta profesora, de entusiasta iniciativa y temple organizador?”.

La mujer a la que Consuelo Berges lanza el guante (con una intención crítica bastante similar a la del anónimo redactor de El Cantábrico, como explicaré), la “culta profesora” Carmen de la Vega, era por aquel entonces una conocida profesora de la Escuela Normal de Maestras de Santander, el centro de enseñanza en el que la propia Consuelo se había formado. Allí, por cierto, trabajaba, desde 1918, como auxiliar de Ciencias, Carmen Borrego, la madre de la militante socialista Matilde Zapata (asesinada por los franquistas en Santander en mayo de 1938), que se había formado como maestra en su Badajoz natal, y que había pedido el traslado a Santander desde Toledo. Tal y como explica Carmen Rubalcaba en un trabajo suyo, Carmen de la Vega Montenegro procedía de Madrid, era profesora del centro de Santander desde 1915, y directora del mismo desde 1928. Enseñaba en la escuela “gramática y literatura castellanas”. Carmen de la Vega era una mujer bastante admirada por algunos intelectuales cántabros. De “cultísima profesora”, por ejemplo, la trata José del Río Sáinz, Pick, en un artículo en El Cantábrico de ese mismo año de 1924. Consuelo Berges parece decir sinceramente que piensa en ella para organizar una hipotética «asamblea feminista» por sus dotes organizativas, pero en realidad, se dirige a ella con esa pregunta porque, en mayo, Berges ya conoce qué tipo de reunión de mujeres está organizando, para el verano, en la ciudad, su antigua profesora.
Lamentablemente, ese verano, Carmen de la Vega no demostrará su “entusiasta iniciativa” organizando una Asamblea feminista, sino un Homenaje a Concha Espina, de cuya comisión organizadora será presidenta. Esa es la única asamblea de mujeres que tiene lugar ese verano de 1924 en Santander: el Homenaje a Concha Espina del día 22 de agosto. De ese homenaje viene el jardín, del jardín la fuente y el busto hechos por Victorio Macho que aún se conservan, y de todo ello el título de hija predilecta de la ciudad de Santander que aún detenta la escritora. Prácticamente las únicas mujeres reunidas en el evento fueron Concha Espina, Carmen de la Vega, la reina Victoria Eugenia de Battenberg, y la duquesa de Santoña, que si me he documentado bien era entonces una tal Eugenia Sol Fitz-James Stuart y Falcó, que era “dama de la reina” e iba con ella a todas partes… Más barros de más lodos, que en Cantabria hay barros para exportar, y una ocasión perdida, como ya advierte, algo irónicamente, el autor del editorial de El Cantábrico cuando dice que la Asamblea feminista que propone “podría tener su nota poética si coincidiese con su celebración algún efusivo homenaje dedicado al talento y á las virtudes de las mujeres montañesas”.
El Cantábrico, 23 de agosto de 1924.
La identidad del anónimo redactor del editorial de El Cantábrico no es fácil de desvelar: ¿Quizá José Segura Hoyos, el director del diario? Por esas fechas, un escritor que hablaba de vez en cuando sobre la “mujer emancipada” era Nostradamus (seudónimo de Fernando Segura), una de las principales plumas de El Cantábrico, alguien que, además, en cuestión de opiniones, era, en muchas cuestiones, capaz de sostener una cosa y la contraria… José de Segura, el director del diario, era su hermano. En mi opinión, es bastante improbable que el editorial lo escribiera Consuelo Berges, no sólo porque no firmaba en El Cantábrico, y porque un editorial de un diario de esa tirada estaba lejos de su alcance, sino también por lo llamativo que resultaría que, además de haber publicado el texto fuerte, se permitiera firmar luego un artículo de adhesión más breve en el diario La Región, que precisamente dirigía entonces Víctor de la Serna, el hijo menor de Concha Espina, la señora objeto del homenaje y de las finas ironías. Tengo que decir también, para quien no lo sepa, que el marido de Concha Espina (Ramón de la Serna y Cueto, de quien por aquel entonces ya vivía separada), y la abuela paterna de Consuelo Berges (Julia Gutiérrez Cueto) eran primos, de modo que es posible que algún capítulo de esta historia quedara en familia, como se suele decir.
Este editorial de El Cantábrico, como he dicho, se publica dos años antes de la creación en Madrid del Lyceum Club Femenino, un grupo de mujeres que queda constituido en 1926, y que permanecerá en activo hasta 1939, cuando la Falange lo confisque, y su Sección Femenina constituya, sobre sus cenizas, pero sin gran cosa que recuerde a él, su Club Medina.
La fundación del Lyceum Club Femenino es una iniciativa de un grupo de mujeres de clase alta y media, de mujeres pertenecientes a las élites residentes en Madrid, cuyas acciones se ciñen a la ciudad de Madrid e involucran a un cierto número de personas, numeroso pero notablemente acotado. En 1931 se funda una organización hermana en Barcelona, el Lyceum Club de la ciudad.
Para dar una idea de la forma en que se percibió en Cantabria la creación del Lyceum Club, podemos fijarnos en lo que publicó en la época la cabecera de prensa más leída: El Cantábrico. En la nota que da cuenta de su fundación, el redactor lo describe como un club de “señoras de”, probablemente insinuando el papel facilitador de los maridos:
“La mayor parte de esas señoras ostenta apellidos de conocidos literatos. Figuran, entre ellas, Victoria Klem (sic), Isabel Oyarzábal, María L. Martínez Sierra, Cenobia Camprobi, y las esposas de los escritores Pérez de Ayala, Salaverría, Araquistain, Riaño y otros muchos”.
Que el Lyceum Club era elitista y clasista es algo que señalan otras voces. Una de ellas, la de la militante anarquista Federica Montseny, que expresa su parecer sobre el club en un artículo titulado “La mujer, problema del hombre”, publicado en La Revista Blanca en 1926. Montseny señala que el objeto del Lyceum “está aún ajustado a la rancia moral española”, y critica la separación de los sexos, apuntando el grado en que el club es una especie de “hogar social”, un “punto de reunión discreto y a salvo de los celos del marido, los temores del padre y la susceptibilidad propia, muy interesada en guardar las formas”.
“La promiscuidad, la fraternidad, la franca camaradería de los sexos”, escribe Montseny, “es algo que está fuera de la mente de las españolas y lejos de la mollera de los españoles”.
Nostradamus (seudónimo del escritor Fernando Segura), no escatima burlas, ni en el momento de la fundación del Club, ni posteriormente:
“En Madrid ya tienen su Club las bellas damas. Se titula el Lyceum Club Femenino Español. Las socias se proponen “asistir á las muchachas que en cualquier campo de la actividad estén pugnando por abrirse camino”… Creo que piensan publicar un catálogo de novios disponibles, y montar una sección de matrimonios al vapor, con objeto de facilitar la caza del marido…”.
“-Reíme yo de todos los feminismos emancipadores de los clubs de las marisabidillas, cuando ví arar a las mujeres en las tierras lebaniegas…”.
No sabemos qué habría escrito Nostradamus de haberse celebrado en el año 1924 la Asamblea feminista que alguien proponía en El Cantábrico ¿Había sido él mismo el autor de aquel editorial del mes de abril que es una propuesta y una pulla a la vez? ¿Había sido su hermano?

La Esfera, 21 de junio de 1924 (BNE)

Estampa, 4 de junio de 1929 (BNE).

Concha Espina. El Cantábrico, 22 de agosto de 1924.
González Vázquez, Araceli. La«asamblea feminista»de Santander del verano de 1924. La Murria (blog), 30 de marzo, 2022.



