Eusebio Cortezón, un militante del POUM en Cantabria: coherencia y pragmatismo

El 90 aniversario de la fundación del Partido Obrero de Unificación Marxista parece un buen momento para recuperar la memoria de alguno de sus militantes más desconocidos, tanto por su lejanía de lo que fuera el centro de la militancia del POUM, Cataluña, como por haber vivido y desarrollado casi toda su acción política en un pequeño núcleo industrial de Cantabria, Astillero. Eusebio Cortezón Castrillo supo adaptarse a estas condiciones locales y, sin renunciar nunca a sus ideas comunistas, supo evitar los enfrentamientos frontales inútiles y priorizar un pragmatismo que le abrió las puertas de algunos medios desde donde desarrollar la intervención política. En ese sentido, su biografía política nos proporciona una auténtica lección de militancia.
Había nacido en 1894 en una familia trabajadora. Su padre era conductor en la refinería Desmarais Hermanos a principios de los años veinte en el pueblo de Astillero, un pequeño núcleo con una población bastante estable de entorno a los 5.000 habitantes que jugaba el papel de centro minero del hierro de la cuenca de Peña Cabarga y el Arco de la Bahía de Santander. Aprendió el oficio de ebanista, en el que alcanzaría gran maestría, y se casó en 1915, con apenas 21 años y sin haber realizado aún el servicio militar. Fue precisamente durante el mismo cuando la influencia de un oficial le inició en el socialismo, entrando a formar parte de las Juventudes Socialistas. En 1919 se encontraba en una campaña de propaganda “tercerista” en Vizcaya en la que compartió algunos actos con Joaquim Maurín[1], que, aunque procedía del sindicalismo revolucionario y la CNT, defendía igualmente la incorporación a la Tercera Internacional. A principios de 1920 Cortezón se trasladó con su familia a Ortuella, prácticamente al mismo tiempo que las Juventudes Socialistas decidían su entrada en la Internacional Comunista y su transformación en Partido Comunista Español. Allí, en aquel centro minero vizcaíno, en medio de un clima de intensa agitación social, vivió la escisión del PSOE y creación del segundo partido comunista, el Partido Comunista Obrero Español; participó de las tensiones entre ambos grupos y de su unificación cumpliendo las órdenes de la Komintern para formar el Partido Comunista de España; también fue testigo -en completo desacuerdo como muchos de los militantes- de la tormentosa relación entre el PC de Vizcaya bajo la dirección de Bullejos y el PSOE-UGT, que acabó en violentos episodios que intentaron resolver a tiros[2].
El PCE en aquellos años aún no tenía bien definida su posición sindical. En la mayoría del Estado venían optando por la UGT, por considerarla marxista y por tanto más próxima, frente a la línea mayoritariamente anarquista de CNT. Pero en Vizcaya, el mencionado enfrentamiento con la agrupación socialista y su central sindical llevó a algunos militantes comunistas a aproximarse a la CNT, mientras otros prefirieron quedarse fuera de ambas centrales sindicales. Cortezón optó no sólo por afiliarse sino por construir su propio Sindicato Único de Ortuella, siguiendo el modelo difundido por Manuel Buenacasa para la CNT, que agrupaba a todas las profesiones y que podía convivir con los sindicatos únicos de los grandes sectores como el minero o del metal. El 9 de septiembre de 1923, mientras recaudaba fondos por los talleres de la zona para mantener la huelga general de la cuenca minera vizcaína que el PCE había convocado en solitario en junio, Cortezón fue detenido. Faltaban solamente cuatro días para que se produjera el pronunciamiento de Primo de Rivera.
La Dictadura de Primo de Rivera
Cuando salió de la cárcel regresó a Astillero, donde fijaría su residencia definitiva. Las nuevas condiciones impuestas por la dictadura habían afectado de manera desigual a las organizaciones obreras. En Cantabria, mientras la Federación Local de Sindicatos de CNT y el PCE desaparecieron, la Federación Obrera Montañesa (FOM) de UGT y el PSOE eran toleradas, haciéndose con el monopolio de la dirección del movimiento obrero a cambio de un colaboracionismo bastante explícito. Cortezón tuvo que elegir entre quedarse al margen de las organizaciones obreras o ingresar en la FOM y trabajar desde dentro. En 1925 se encontraba ya bien situado tanto a nivel personal como político. Trabajaba como asalariado a tiempo parcial en una de las dos refinerías de petróleo instaladas en el pueblo desde finales del siglo XIX, Desmarais Hermanos, y había abierto un taller de ebanistería que pocos años más tarde atendía encargos de importantes comerciantes e industriales y de la iglesia de los Jesuitas de Santander, e incluso exponía sus piezas en el Teatro-cine de Astillero a finales de 1928. En la FOM consiguió pronto un reconocimiento, se le encargaban los mítines del 1 de mayo en Torrelavega y era elegido delegado (por el Sindicato de Oficios Varios) para los congresos regionales e incluso para el Congreso Nacional Extraordinario de UGT en 1927.
Cortezón definía ese periodo de libertades limitadas, como un momento de acumulación de fuerzas que exigía volcarse en la creación de una organización de masas obreras conscientes y bien preparadas, tanto en el terreno social -desarrollando la conciencia de clase-, como en el profesional -proporcionándoles mayor autonomía para que dejasen de ser meros engranajes de una máquina que debía ser dirigida-, mejorando su capacidad productiva y contribuyendo así al progreso general. Por eso siempre, pero sobre todo durante este periodo, dio particular importancia a la formación y el desarrollo de la inteligencia, orientada a la identificación de problemas, a proporcionar el criterio y la capacidad de discernir entre distintas opciones; trataba siempre de evitar el mero adoctrinamiento, sustituyéndolo por el desarrollo de un espíritu crítico. Defendía “todo lo que era luz y progreso”, un lema que orientaba el plan que proponía para la Casa del Pueblo de Astillero y que en esos años estaba en proyecto; en su opinión debía incluir escuela nocturna, biblioteca de libros técnico y de dibujo, cooperativa, escuela para hijos de obreros y orientación profesional. Su idea de progreso participaba de la concepción general de los tiempos, claramente burguesa; incluía el desarrollo de una industria productiva, de unas comunicaciones rápidas y seguras, pero también de las mejoras de las condiciones de vida. De ahí su destacado apoyo al proyecto del ferrocarril Santander-Mediterráneo, liderado entonces en Cantabria por un viejo republicano, el doctor Madrazo, para quien organizó algunos actos y conferencias.
Los medios de los que se valió para difundir la propaganda y la formación fueron varios. En primer lugar, los mítines sindicales de la FOM, en los que no perdió ocasión para defender sus ideas ante sus compañeros sindicales, tratando de convencerles de las prioridades del momento: organización y desarrollo de la conciencia de clase. En segundo lugar, se sirvió de las asociaciones culturales que le proporcionaban un auditorio obrero y popular y le permitían ganar reconocimiento. Recuperó las conferencias dominicales de la Sociedad Recreativa de Guarnizo -que existía desde 1908 pero se encontraba en un estado decadente- y desde 1925 formó parte de la junta directiva de la Sociedad del Orfeón de Astillero-Guarnizo que acostumbraba a ofrecer una conferencia antes de cada actuación. Cortezón no sólo se reservó algunas de ellas en ambas asociaciones, que versaron casi siempre sobre temas formativos, sino que también tuvo la posibilidad de seleccionar conferenciantes en la misma línea. El tercer instrumento utilizado fue la prensa regional[3], principalmente en el diario La Voz de Cantabria, un periódico de derechas que se consideraba independiente por incluir algunos artículos liberales e incluso obreristas, entre los que se encontraban, además de los artículos de Cortezón, una sección sindical semanal de casi una página entera firmada por el socialista Antonio Ramos en representación de la FOM. Su director, José del Río (que firmaba como Pick) presumía de su amistad con Cortezón, al que admiraba por su capacidad organizativa en la creación del Sindicato Único de Ortuella; una amistad a la que Cortezón decía corresponder.
En 1930 las nuevas condiciones de la Dictablanda de Berenguer le ofrecieron nuevas oportunidades que no desaprovechó. En el terreno sindical, la Federación Local de Sindicatos (FLS) de la CNT abrió de nuevo sus centros obreros y Cortezón, con el pequeño grupo de obreros de CAMPSA[4] que le seguía, abandonaron la FOM y crearon el Sindicato Único del Petróleo integrado en la FLS de la CNT. Por otra parte, la creación de un Consejo Municipal provisional que vino a sustituir al que había gobernado durante la dictadura, le permitieron vislumbrar la posibilidad de intervención en ese terreno, y, aunque no formaba parte de dicha corporación provisional, en su primera sesión Cortezón intervino desde el público acusando al anterior Consejo, presidido por Casimiro Tijero -propietario y director de la principal empresa metalúrgica, Talleres Astillero-, de mala gestión, gastos irregulares y corrupción, reclamándoles la gratificación de 5.205 pts. concedida a la Guardia Civil por la represión de la huelga de 1928 de Talleres Astillero. Ese mismo año de 1930 Cortezón ingresó en la Agrupación Republicana recién formada, ocupando el cargo de subsecretario; y bajo esas siglas (las del PSOE al parecer le estaban vetadas y no había otras formaciones de izquierdas) acudió a las elecciones del 12 de abril de 1931.
La República durante el bienio progresista
Cortezón empató a votos con otro candidato republicano y fue nombrado primer teniente alcalde y presidente de la comisión de obras. Hasta su suspensión en noviembre de 1934, en pleno bienio negro, su intervención ofreció varias dimensiones: por una parte crítica, en la línea que ya había adoptado en las intervenciones desde el público y en los artículos de prensa anteriores a las elecciones, denunciando la mala gestión de los recursos y la ineficacia para resolver los problemas pendientes; por otra, reivindicativa y creativa, proponiendo la formación de una comisión para revisar la gestión del Ayuntamiento durante el periodo de la Dictadura (consiguiendo que se procesase a los dos alcaldes anteriores por malversación, aunque el caso fuera después sobreseído en 1934); tratando de eliminar los privilegios de la Guardia Civil (cuyas familias estaban incluidas en la beneficencia); presentando planes de obras (incluidos dos grupos escolares) vinculados a bolsas de empleo municipal (de las que quería excluir a los esquiroles que llegaron al pueblo desde Galicia y Andalucía para cubrir los puestos de los despedidos por Talleres Astillero durante la huelga de 1928); finalmente impulsó la condena de la Sanjurjada en 1932, que llevó a la firma unánime de un comunicado que incluía una petición de castigo ejemplar para los encausados. El 3 de noviembre de 1934, él y otros seis concejales de la corporación fueron suspendidos y sustituidos por concejales del partido radical hasta después del triunfo del Frente Popular en las elecciones del 16 de febrero de 1936 (Obregón, 2006).
Pero durante este primer periodo en que fue concejal, apenas cinco meses después de su elección, Cortezón cambió su filiación política. Abandonó en agosto de 1931 la Agrupación Republicana, anunciando a sus compañeros que iba a realizar un largo viaje ideológico que le impediría mantener su compromiso con los objetivos adoptados. En octubre de ese año creó en Astillero una Agrupación Comunista, no vinculada a la línea oficial del PCE, sino a la Oposición Comunista Española (OCE), de la que Cortezón y su grupo ya para entonces formaban parte, y que en diciembre de 1931 se integraría en la Federación Vasco-Navarra. Inspirada en la Oposición de Izquierda soviética liderada por Trotski, se consideraba una fracción del PCE oficial que seguía la orientación estalinista de la Komintern, y se marcaba como objetivo la regeneración del partido. Después de la Tercera Conferencia de dicha fracción, en marzo de 1932, se constituyeron en partido independiente, cambiando su nombre al de Izquierda Comunista Española (ICE) (Pagès, 1977).
El bienio negro y la fundación del POUM
Tras el triunfo de las derechas en las elecciones de noviembre de 1933, tanto ICE como el Bloque Obrero y Campesino -con presencia fundamentalmente en Cataluña- comenzaron a llamar a la formación de un frente único de todas las organizaciones obreras políticas y sindicales. Cortezón defendió tal posición de Alianza Obrera en el mitin del 1 de mayo de 1934 y más tarde en un artículo en La Batalla (nº 220, 11-10-1935), defendiéndola frente a la fórmula de frente único que sostenía el líder socialista Bruno Alonso -que estaba mucho más próxima a lo que luego sería el frente popular y separándose también de la forma izquierdista que proponían los comunistas oficiales de “frente único por la base”. Como es bien sabido, la fórmula de Alianza Obrera sólo llegó a hacerse realidad en Asturias -donde demostró su potencial revolucionario durante la huelga insurreccional de octubre de 1934- y parcialmente en Cataluña, aunque sin la participación de la principal fuerza obrera, la CNT[5]. En Cantabria, la llamada de Cortezón, que apenas traspasaba el umbral del pueblo de Astillero, no tuvo ningún efecto. Ni siquiera llegó a producirse la propuesta de Alianza Obrera que lanzase el PSOE a nivel nacional que incluía a los republicanos de izquierda, que ellos mismos dilataron en Cantabria cuando el PCE decidió integrarse (Puente, 2015). La derrota de la huelga de octubre sólo le dejó la posibilidad de trabajar en las comisiones pro-presos, destinada a conseguir fondos de ayuda a las familias de los detenidos en Cantabria y Asturias, y a reivindicar la amnistía.
El 27 de septiembre de 1935 la unión de Izquierda Comunista Española y del Bloque Obrero y Campesino dio lugar al Partido Obrero de Unificación Marxista. Unos meses más tarde se convocaban las elecciones de febrero de 1936, a la que los partidos obreros concurrieron en un Frente Popular junto con los partidos republicanos de izquierda. El POUM, no sin discusiones internas, acabó por integrarse en dicho Frente, reconociéndole sólo como una mera alianza electoral y, según argumentaba, para no quedar aislado[6]; la propia CNT, que se mantuvo fuera del Frente Popular, abandonó su acostumbrada campaña abstencionista e incluso llamó a votar, aunque sólo fuera para conseguir la amnistía.
Tras la victoria, Cortezón recobró la concejalía desde la que intentó recuperar el tiempo perdido y los retrocesos que el bienio negro había producido. Propuso que se anulasen y revisasen todos los acuerdos del Ayuntamiento tomados entre 4 de octubre de 1934 y el momento de la fecha (4 de marzo de 1936), y fue elegido miembro de la comisión de revisión. Propuso también la anulación de la plantilla de funcionarios municipales elaborada durante ese periodo y la retirada de la gratificación que se concedía al sereno, un personaje manifiestamente de derechas y del que más tarde se sospecharía haber tenido cierta complicidad en un atentado que se produjo contra el alcalde y Cortezón. Todas esas propuestas fueron aprobadas por el Consejo Municipal, pero el secretario del Ayuntamiento avisó de que la anulación de los acuerdos anteriores, incluido el del escalafón de funcionarios, era ilegal; sólo procedía su revisión por si alguno de ellos no estuviese entre las atribuciones municipales. Impulsó también desde el Consejo Municipal la construcción de dos escuelas de párvulos (una en cada pueblo del Ayuntamiento) para acoger a los 110 niños y niñas que quedaron sin escolarizar al cerrarse el colegio de monjas de San Vicente Paul en virtud de la suspensión de la enseñanza religiosa. En la sesión del 16 de julio Cortezón solicitó -y le fue concedida- licencia por asuntos propios de más de 8 días y el propio día 18 de julio, coincidiendo con el golpe, se encontraba de viaje a Madrid. El tren fue detenido en tierras burgalesas y Cortezón pudo escapar, aunque sólo se sabe que acabó llegando a Barcelona y que desde aquí volvió a Astillero tres meses después por el sur de Francia.
El POUM se manifestaba en contra del Frente Popular, por considerar que -según escribía Nin en L’Hora el 11 de junio de 1937- se basaba en la colaboración de clase y en un antifascismo abstracto que en la práctica contribuía a sostener el régimen capitalista bajo la forma de república democrática parlamentaria (Nin, 2011). Cortezón, por supuesto, compartía este análisis y defendía la consigna del POUM de “guerra en el frente y revolución en la retaguardia” (Durgan 2025), pero en Cantabria la cuestión no era fácil. Cuando volvió en octubre se encontró con que desde el mes de agosto la Federación Obrera Montañesa (UGT) y la Federación Local de Sindicatos (CNT) habían establecido una alianza para reconstruir el poder republicano: primero ganar la guerra y luego ya hablaremos de revolución social. Las relaciones entre las dos centrales pronto se deterioraron; los términos del acuerdo eran difícilmente conciliables con el discurso de la CNT; mientras la UGT entendía las incautaciones y el control obrero como un servicio a la República, tanto la CNT como el POUM lo veían como una práctica revolucionaria (Gutiérrez y Santoveña, 2000). Cortezón, haciendo gala de su habitual pragmatismo, supo encontrar los mejores lugares de intervención para sus posiciones.
El 6 de octubre ya se había incorporado a la corporación municipal y en la sesión del 13 de octubre propuso un ambicioso plan urbanístico que suponía el derribo de numerosos muros y cierres para alinear calles, despejar plazoletas, obras de alcantarillado para suprimir pozos negros, desviaciones de la línea de tranvías, etc. Todo tenía como principal objetivo, además de hacer más cómoda la ciudad, aliviar el paro. Para su realización recurría a dos fuentes: un prorrateo hecho por el Frente Popular entre el vecindario pudiente que ascendía a 9.800 pesetas y una subvención concedida por el Estado para mitigar el paro obrero de 28.000 pts.
En el terreno sindical y en el proceso de incautaciones y colectivización, Astillero y su entorno ofrecían un amplio campo de intervención; casi todas las grandes empresas, por distintas razones, tenían una importancia estratégica y fueron incautadas: CAMPSA como suministradora de petróleo; Talleres Astillero dedicada a la construcción naval y a la fabricación de todo tipo de piezas (reconvertida para la guerra); las minas de hierro de Orconera, que por ser de capital inglés no fueron incautada pero sí sometida a control obrero; el ferrocarril Astillero-Ontaneda, que permitía un acercamiento de tropas al puerto del Escudo y al frente de Burgos; la Sociedad Electrometalúrgica del Astillero (El Carburo) de Guarnizo; la central Electra Pasiega y otras industrias más pequeñas que fueron incautadas por la huida de sus propietarios. El día 3 de octubre de 1936 fue incautada la factoría de CAMPSA en Astillero y se constituyó el consejo obrero presidido por Eusebio Cortezón -recién llegado de su viaje-; el consejo asumió toda la dirección tanto técnica como administrativa y redujo la jornada laboral a seis horas, demostrando que podían realizar el mismo trabajo que antes con ocho (La Batalla, nº 84, II, 7-11-1936). Y, junto con el alcalde, fue comisionado por el Consejo Municipal para que se entrevistase con el director general de Industria para la incautación por un consejo obrero de la central de la Electra Pasiega establecida en el pueblo.
Por otro lado, la prensa regional siguió siendo su principal vehículo de difusión; desde ella llamaba a la responsabilidad en la retaguardia para levantar la economía, para que pusieran en práctica el propio programa obrero y organizaran su nueva vida bajo sus concepciones sociales; pedía la solidaridad internacional, no a los los gobiernos empeñados en emplear la diplomacia, sino al proletariado y oprimidos de esos países amenazado por el fascismo internacional; desvelaba los problemas y destapaba las falacias de los discursos del enemigo, del fascismo y la Iglesia, semillas que arraigaban con facilidad entre las clases favorecidas de la sociedad semifeudal española; descubría las redes de poder tejidas desde hacía muchos años y defendía la necesidad de una depuración pendiente; contraponía el discurso marxista al del liberalismo burgués; explicaba la incapacidad de la pequeña burguesía para dirigir la transformación social y la pasividad de los campesinos montañeses necesitados de ayuda.
La campaña contra el POUM que desde finales de 1936 se agudizó en todo el Estado, dio lugar, después de las jornadas de mayo de Barcelona, a su ilegalización, a la detención de toda su dirección y al asesinato de Andreu Nin. En Cantabria tuvo un efecto más limitado, aunque no del todo inexistente. La disolución de la corporación municipal en marzo de 1937 y su renovación por parte del gobernador civil, dejó fuera a Cortezón, que ya no había asistido a la sesión del 17 de diciembre. Y dos de los tres miembros del Comité Agrario de Astillero aparecieron marcados con el dibujo de sendos ojos como posibles militantes del POUM. Pero Cortezón pudo seguir publicando sus artículos en la Voz de Cantabria, periódico incautado por el Frente Popular. Es verdad que desde mediados de agosto de 1936, después de que el socialista Juan Ruiz Olazarán fuese nombrado gobernador civil de la provincia, la actividad censora pasó a depender directamente del Gobierno civil y fue aplicada con bastante rigor (Gutiérrez y Solla, 2010: 44). Fueron varios los artículos de Cortezón en los que dejó la inconfundible huella, marcada con espacios en blanco o con tachaduras. También que en el mismo periódico escribía un comunista del comité local del PCE, Bruno Fontana, que hablaba ruso y se mostraba muy fiel a la línea oficial de la Komintern, y que publicó un artículo sobre el POUM en febrero de 1937 que recogía todas las calumnias estalinistas sobre el partido, aunque afirmaba que dicha plaga era desconocida en el Norte de España. (La Voz de Cantabria, 9-2-1937). La explicación posiblemente de esa menor persecución en Cantabria respondía, probablemente, a tres razones. En primer lugar, la poca importancia que esa pequeña célula en un pueblo de 5.000 habitantes tenía en el contexto general, que se combinaba además con la debilidad del partido comunista oficial que carecía de militantes en el pueblo; los ataques, por tanto, hubiesen tenido que llegar de fuera y enfrentarse al prestigio que Cortezón y los suyos tenían en su entorno. En segundo lugar, socialistas y comunistas, cuya complicidad en la persecución del POUM fue imprescindible después de la sustitución de Largo Caballero por Negrín en junio de 1937, se vio en Cantabria enturbiada precisamente desde esa fecha a consecuencia de la suspensión de todos los periódicos regionales y su sustitución por uno sólo, La República, decretada por el gobernador civil por falta de papel y tinta impuesta por el bloqueo; el decreto afectó también a los periódicos obreros, y los comunistas trataron de esquivarlo imprimiendo su prensa en Gijón, pero sus vendedores fueron perseguidos, y los comunistas vieron en ello una maniobra de los socialistas para detener su crecimiento, por lo que las relaciones entre ambas formaciones se deterioraron (Gutiérrez y Solla, 2010). Por último, la Agrupación Comunista de Astillero, que todo el mundo identificaba como POUM, no lo era oficialmente y no quedó demasiado tiempo para una persecución, ya que el 26 de agosto los nacionales entraron en Santander.
Cortezón fue detenido el 29 de agosto de 1937 fue juzgado y respondió a las denuncias que formularon cuatro vecinos del pueblo, que además de acusarle de ser de ideas marxistas revolucionarias y fundador del partido comunista del pueblo y el sindicato del petróleo, fue el responsable de los asesinatos del director de la fábrica de petróleo y de su participación en el asesinato de otras personas del pueblo, de la incautación y derribo de numerosas casas y propiedades de personas derechistas; poco después se añadieron la destrucción de la iglesia, el robo de sus campanas, y el haber sido causante de la muerte del cura de Astillero. Por todo ello fue condenado a muerte. Tras permanecer más de un año en la cárcel esperando que se resolviese su recurso, mientras tres de sus enemigos pedían repetidamente su ejecución, fue sacado subrepticiamente de la prisión el 7 de diciembre de 1938 y fusilado, cuando ya le habían concedido el indulta. Su comunicación oficial llegaría unos días después.
El 21 de octubre de 2025 se dictó sentencia en el juicio de revisión promovido por la Fiscalía de Memoria Democrática, en la que se reconoce que la condena de Cortezón fue debida únicamente a razones ideológicas.
Notas
[1] Según él mismo nos cuenta en el obituario que dedicó a Maurín, a quien creían muerto tras ser éste detenido en 1936 cuando trataba de regresar a Barcelona desde Galicia. La Batalla, nº 60, 10 de octubre de 1936.
[2] Al día siguiente de los acontecimientos violentos, Andrade, delegado por el Comité Ejecutivo del partido para investigar lo sucedido, entrevistó a varios militantes destacados que se manifestaron en contra de los métodos violentos de Bullejos, aunque ninguno -a pesar de saber que el Comité Ejecutivo respaldaba tal condena- se atrevió a enfrentarse con el líder del Sindicato Minero (Pagès, 2021: 71).
[3] Desde 1930 escribió también algunos artículos en La Batalla firmados con seudónimos como REIS, ZEIS y “El corresponsal”.
[4] Las dos viejas refinerías de Astillero, Desmais Hermanos y Deutsch y Cia, fueron incautadas por el monopolio CAMPSA en 1927, cerrando la segunda.
[5] En esa época la CNT inició las discusiones sobre las Alianzas Obreras, pero la mayoría tenía muchas reticencias; confederales y ugetistas se consideraban de esencias contrapuestas e irreconciliables (Abad, 1979)
[6] El POUM -que seguía defendiendo su propuesta de Alianza Obrera- se vio obligado a justificar su integración en el Frente Popular, que entendían sólo como una alianza electoral, sin mañana (Broué y Témime, 2020: 77); explicaba la diferencia entre esta alianza coyuntural y la propuesta por el estalinismo en los siguientes términos: “Hay que saber distinguir aquellos momentos históricos en que la amenaza contrarrevolucionaria sea extraordinariamente grave y convenga entonces hacer pactos circunstanciales, transitorios, manteniendo siempre, no obstante, la independencia orgánica del Partido Obrero y el derecho de crítica de los partidos pequeñoburgueses. Esta posición es justa. Lenin aceptaba los pactos circunstanciales con la burguesía radical. Pero de esta posición a la que últimamente ha puesto en marcha la Internacional Comunista —Frente Popular— que encadena el movimiento obrero a la burguesía, media un abismo.” En el número de La Batalla de 20 de abril de 1936, Julián Gorkin justificaba la participación del POUM en la alianza electoral del frente popular de la siguiente forma: “Actuar de otra forma habría sido un imperdonable error táctico. Hemos adoptado una política realista que respondía a las circunstancias. Hemos firmado el pacto del Frente Popular limitándonos a participar en la campaña electoral que nos ha permitido dirigirnos a las masas y hacer ante ellas la crítica del ‘frente populismo’ en nombre de la lucha de clases” (Areal, 2017: 94 y 106).
Referencias
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Broué, P. y Témime, E. (2020): La revolución y la guerra de España. México: Fondo de Cultura Económica
Buenacasa, M. (s/f): ¿Qué es el Sindicato Único?. Bilbao: Editorial AURORA.
Cortezón, Luisa (2006): “Mis recuerdos”. Revista Trasversales, nº 4, versión electrónica.
Durgan, A. (2025): El POUM. República, revolución y contrarrevolución. Barcelona: Sylone/Viento Sur.
Gutiérrez Goñi, J. F. y Solla Gutiérrez, M. A. (2010): La Prensa de Cantabria durante la guerra civil. Santander: Asociación de la Prensa de Cantabria.
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Nin, A. (2011): La revolución española (1930-1937). Barcelona: Diario Público.
Obregón Goyarrola, F. (2006): República, Guerra Civil y Posguerra en Astillero y Guarnizo (1931-1947). Astillero: El Autor.
Pagès, P. (1977): El movimiento trotskista en España (1930-1935). La Izquierda Comunista de España y las disidencias comunistas durante la Segunda República. Barcelona: Ediciones Península
Pagès, P. (2021): La historia truncada del Partido Comunista de España. Madrid: Libros Corrientes.
Puente Fernández, J. M. (2015): El Guardián de la Revolución. Historia del Partido Comunista en Cantabria (1921-1937). Torrelavega: Editorial Librucos.
23-10-2025
Manuel Corbera Millán, profesor jubilado de la Universidad de Cantabria y militante de Anticapitalistas



