De la Magdalena a Cabárceno; Hasta que cierren todos

 

Desde finales del mes de mayo de 2020 una oleada de quejas se han despertado contra el zoo de la Magdalena, pequeño recinto ubicado en una zona turística de la ciudad de Santander donde aún permanecen encerrados pinguinos, focas y leones marinos. Donde antaño también permanecían en cautiverio otras especies animales como osos polares.

 

El motivo que despertó estas quejas ya iniciadas hace años por organizaciones como ARCA o Ecologistas En Acción, fue la imagen que una persona se encargó de difundir. Se trataba de un animal muerto y metido en una bolsa de plástico. Desde entonces; colectivos, movimientos, personas a título individual, etc movieron el descontento por redes “sociales” y distintos medios informativos de Cantabria. Además, la noticia tuvo repercusión estatal. El periódico El Salto se hizo eco de este suceso. A raíz de dicha controversia, y hasta ahora, partidos políticos y expertos en materia se han unido a la denuncia de las condiciones en las que viven estos animales. Según informaba el medio Elfaradio el mes de julio de este año, este minizoo llevaba 12 años en condiciones ilegales, como así lo demostraba un informe llevado a cabo por la Fundación Franz Weber. A su vez, y como medida institucional por parte del ayuntamiento, se formó un grupo de expertos para decidir posibles alternativas al cierre del Zoo que sigue vigente. Esto a pesar de que organizaciones animalistas e incluso algunos partidos políticos no tengan esa opción entre sus posturas y sean más favorables al cierre completo.

 

En un artículo que se publicó en Briega el pasado 1 de Julio, al calor de este proceso de descontento por parte de un sector de la población santanderina, titulado “cerremos el zoo de la Magdalena”, se cuestionaba el hecho de reducir la crítica únicamente a las condiciones en las que viven estos animales.

Si la critica a estos espacios se limita a la denuncia de las condiciones de vida de los animales (alimentación, cuidados, tamaño del recinto, temperaturas, etc) siempre habrá una posibilidad de argumentación que los coloque en la diana de unas buenas prácticas. Es decir, ¿Qué pasaría si en efecto las condiciones en cautividad fueran óptimas? ¿No se trata de una visión subjetiva y de una mirada humana en base a los intereses que cada uno tenga? ¿El ayuntamiento o la persona que firma por el cierre? ¿los expertos en leones marinos o Cantur?

Denunciar que los animales de un zoo sufren negligencia o maltrato es perfectamente compatible con recordar que el encierro es motivo suficiente para articular una oposición a dichos recintos. De otra forma, las criticas se diluyen en una petición de mejoras de las condiciones de dichos animales, que aún siendo importantes mientras permanezcan abiertos estos espacios cerrados, invisibilizan que un espacio de encierro es caldo de nocividades para los animales. Ignorar esto supone dar lugar a otras posturas que defienden los zoos como posibles espacios educativos dónde el cautiverio de animales para el ocio y disfrute humano no es un problema, sino únicamente la estética y el aspecto de los mismos. De ahí se entiende que deban estar bien cuidados, bien alimentados y sanos para dar una buena imagen. Algunas declaraciones, como la del portavoz socialista en el Ayuntamiento de Santander en el momento de opinar sobre el estado lamentable del zoo tras la lectura del informe anteriormente nombrado, dan lugar a estas interpretaciones.

En el reclamo turístico coinciden los políticos que defienden la permanencia de este zoo y quienes se aventuran a considerarlo un posible espacio de educación en valores. Y tiene sentido si vemos la importancia que en otros zoos de la región tiene la promoción turística. Por ejemplo, Cabarceno.

Mural de Reskate llevado a cabo en  la calle Río Ebro -Santander-. Imagen extraída del twitt de CNSV

 

La Sociedad Regional Cántabra de Promoción Turística (Cantur, S.A.), es una sociedad pública del Gobierno de Cantabria adscrita a la Consejería de Educación, Formación Profesional y Turismo. Es también la propietaria del “parque” de Cabárceno, antigua explotación minera a cielo abierto. Es la encargada de llevar a cabo la promoción turística de este zoológico de gran extensión y tan famoso a nivel estatal. Además, guarda ciertos vínculos con el zoo de la Magdalena. Prueba de ello es que algunos de los animales que ya no se encuentran en situación de ser “funcionales” para ser utilizados en Cabárceno, son trasladados a este minizoo. Un ejemplo es el león marino que protagonizó la imagen detonante de la denuncia. En Cabárceno era obligado a hacer exhibiciones. Otro motivo importante para entender estos dos espacios como partes de un mismo problema.

La capacidad de producción económica que tiene Cabárceno no es ni de lejos la realidad de un minizoo gratuito en medio de un enclave urbano como es “La Magdalena” por lo que es obvio que el debate que planteamos es únicamente simbólico. Las posibilidades de que el zoo de la Magdalena cierre son mucho más posibles. Sin embargo, si hacemos un ejercicio de imaginación y dejando de un lado la crítica al encierro de animales para ocio y disfrute humano, ¿Acaso Cabárceno no tiene un historial de condiciones insalubres, negligencias y muertes de animales de sobra conocido? Es decir, ¿no existen las mismas bases para la crítica a este zoológico que las utilizadas para exigir el cierre de La Magdalena?

 

Recordamos que existen dos informes internos del veterinario jefe de Cabárceno, como en 2018 podíamos leer en “El Diario Montañés” que revelaron una serie de deficiencias en las instalaciones. Estas deficiencias fueron causa de una lista copiosa de muertes de animales por diversos motivos. Un ejemplo de estas muertes es el de las tres jirafas muertas en el incendio nocturno que tuvo lugar en las cuadras en las que pernoctaban una noche de ese mismo año.

 

El plan de inversiones 2018-2020 en el que Cantur destinaba más de 5 millones de euros para solucionar estas deficiencias en las instalaciones y adaptar el zoo a las exigencias europeas, mejoró la imagen pública de este macronegocio, que a día de hoy goza de una salud importante. Símbolo de la “Cantabria Infinita” de Revilla, su desarrollismo populista y la turistificación del entorno rural de la región.

 Fachada del número 5 del Paseo Menéndez Pelayo. Mural de Quique Ortiz

Pero si la libertad no fuese un valor todavía vivo y tan sólo la cobertura material de otras necesidades básicas de la vida en cautividad fuese lo importante, entonces no podríamos ni siquiera plantear que el cierre de todos los zoológicos, alberguen la cantidad de hectáreas que sea, es deseable, posible y legítimo.

Como mínimo, nos parece interesante “abrir el melón” de “las buenas prácticas” en espacios innecesarios, del supuesto valor educativo de lugares de encierro, y del tráfico legal de especies animales que conllevan los zoológicos con el pretexto de la conservación de las especies. Al menos, entre todas las personas que están contribuyendo a que el cierre del minizoo de la Magdalena sea cada vez más una posibilidad alcanzable.

 

 

 

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